“No es solo pan. Es corteza, migaja, aceite, tomate, y memoria.”
— Xef Marc
Una hogaza que habla
Hay algo profundamente simbólico en el pa de pagès. No solo alimenta: representa. Representa el campo catalán, los hornos de leña, las manos callosas que lo amasan, y las mesas donde se parte sin ceremonia pero con reverencia. Cada vez que lo huelo, recién cortado, me transporto a comidas en casa de mis abuelos, donde el pan no era un acompañante, sino el punto de partida.
Este post es un homenaje a ese pan redondo, humilde y sabio. A su historia, su textura, su papel en la cocina y en el alma catalana.
🧱 ¿Qué es exactamente el pan de payés?
El pan de payés es un pan rústico y redondo, con una corteza gruesa y crujiente, y una miga densa pero esponjosa, con alveolos irregulares. Su sabor es ligeramente ácido por la fermentación lenta, y su color dorado recuerda al trigo maduro.
Está protegido por la IGP (Indicación Geográfica Protegida) “Pa de Pagès Català”, lo que asegura que cumple un método artesanal concreto:
Fermentación lenta (mínimo 8 horas) Cocción en horno de solera de piedra Masa madre natural Harina no aditivada
📍 Dato curioso: Cada pan pesa entre 500 g y 1,5 kg, y tiene una forma ligeramente irregular, nunca industrial.

🍅 Más que pan: ritual
En Catalunya no decimos simplemente “pan”. Decimos “pa amb tomàquet”.
Y eso lo cambia todo.
El pan de payés es el soporte perfecto para este ritual tan nuestro:
Se corta en rebanadas gruesas. Se tuesta ligeramente (aunque no siempre). Se restriega con tomate maduro de colgar. Se aliña con aceite de oliva virgen extra y un poco de sal.
Simple. Brutal. Irrepetible.
“Un bon pa amb tomàquet no s’improvisa.” – me decía un cocinero mayor en un mercado de Girona.
Y tenía razón.
🧠 ¿Por qué sigue tan vivo?
Porque es versátil – Acompaña guisos, se convierte en torrada, base para canapés, o se transforma en sopa de ajo. Porque dura – Gracias a su corteza y fermentación, aguanta días sin volverse chicle. El segundo día se tuesta. El tercero se convierte en sopa. Porque emociona – Ningún otro pan genera tanta conexión emocional en la cocina catalana.
🔥 El pan de payés en mi cocina
Yo lo uso para:
Base de canelón de brandada Crujientes de pan para escudella Pan frito con chocolate y sal (un postre de infancia) “Migas falsas” con sobras del día anterior
Y por supuesto: pa amb tomàquet con butifarra, jamón o solo. Que no necesita más.
❤️ Conclusión
El pan de payés no es solo pan. Es cultura. Es historia. Es Catalunya servida en rebanadas. Y en un mundo que va rápido, masticarlo lento nos recuerda quiénes somos.
📣 ¿Y tú?
¿Tienes una receta, recuerdo o forma especial de comer pan de payés? ¿Cómo lo usas tú en tu cocina?
Déjamelo en comentarios o escríbeme. Me encantará conocer tu historia.

Deja un comentario