GASTROCULTURA

Las variedades de tomate catalán que deberías probar antes de morir

En Cataluña, el tomate no es solo un ingrediente: es cultura. Es el corazón del pa amb tomàquet, el toque dulce en un xató bien hecho, el protagonista de muchas ensaladas veraniegas. Y aunque las modas gastronómicas traigan tomates de medio mundo, aquí seguimos defendiendo las variedades locales como si fueran patrimonio familiar.

Si algún día haces una ruta gastronómica por Cataluña (o por su mercado más cercano), apunta estas variedades: no querrás irte sin probarlas.

1. Tomàquet de Montserrat

Reconocible por su forma abombada y sus “costillas” marcadas, es hueco por dentro y perfecto para rellenar. Tiene una piel fina y una carne suave, con un dulzor elegante. En verano, cortado en gajos con un poco de sal y aceite, es pura poesía.

2. Tomàquet Rosa de Barbastro

Aunque su origen exacto se disputa entre Aragón y Cataluña, es venerado en mercados catalanes. De gran tamaño, color rosado y pulpa carnosa, es el rey de las ensaladas. Con solo aceite de oliva virgen extra y escamas de sal, se convierte en un plato principal.

3. Tomàquet de Penjar

El eterno aliado del pa amb tomàquet. Pequeño, redondo y con piel gruesa, se cuelga en ristras para conservarse durante meses. Su sabor se intensifica con el tiempo, y al frotarlo sobre el pan desprende un zumo intenso, ácido y dulce a la vez.

4. Tomàquet Cor de Bou

Como su nombre indica, tiene forma de corazón de buey. Es grande, carnoso y de sabor profundo. Cuando está bien maduro, su equilibrio entre acidez y dulzor lo hace ideal tanto para ensaladas como para cocinar lentamente en guisos.

5. Tomàquet Pometa

Pequeño, esférico y de color rojo vivo, es una joya poco conocida fuera de las huertas catalanas. Muy aromático, es perfecto para comer entero, añadir a salteados o asar al horno.

Un consejo para buscadores de tomates perfectos

Si compras en un mercado catalán, pregunta por la procedencia y la temporada. El sabor de un tomate madurado al sol de verano, recogido en su punto, no tiene rival. Y si tienes la suerte de probarlos en un huerto, aún mejor: no hay nada más auténtico que comerse uno de pie, con sal en una mano y tomate en la otra.

En resumen…

Antes de morir, y preferiblemente mucho antes, deberías probar estas variedades de tomate catalán. No solo por su sabor, sino porque en cada bocado hay historia, tradición y una forma de entender la cocina que se transmite de generación en generación.

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