“El sofrito no es una receta. Es un acto de paciencia. De entrega. De fuego lento y alma caliente.”
— Xef Marc
El alma de muchos platos
En Catalunya, el sofregit es mucho más que una base culinaria: es la primera piedra del sabor, el fondo emocional de un plato. Está presente en arroces, guisos, pescados, lentejas… y aunque pueda parecer simple —cebolla, tomate y aceite—, es uno de esos procesos donde lo fácil se convierte en arte cuando se hace bien.
Aprendí esto desde muy joven, en cocinas donde el tiempo tenía otro ritmo y los fogones nunca descansaban. El sofrito era casi una ceremonia: cebollas cortadas con precisión, tomate pelado a mano, y ese silencio respetuoso mientras se hacía. Hoy quiero compartirte cómo preparo yo un sofrito tradicional catalán, con el respeto que merece y algunos trucos de oficio que hacen toda la diferencia.

🧾 Ingredientes básicos
Para unos 300 g de sofrito base (suficiente para 4 raciones de arroz o guiso):
2 cebollas grandes (dulces o de Figueres, si puedes) 2 tomates maduros (pera o rama, pelados y sin semillas) 4–5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra 1 diente de ajo (opcional) Sal (Opcional: un toque de ñora hidratada o pimiento choricero)

🔪 Preparación paso a paso
1. Paciencia y cuchillo: cortar como si importara
Pica la cebolla muy fina, en brunoise. No tritures: queremos que caramelice, no que se cueza en su propio jugo. Haz lo mismo con el tomate si no lo vas a rallar.
2. El aceite importa
En una sartén o cazuela baja, pon el aceite a fuego medio. El aceite no debe humear, solo susurrar.
3. La cebolla: aquí empieza todo
Añade la cebolla con una pizca de sal (ayuda a que suelte el agua). Remueve a menudo, con cariño. El punto ideal es cuando está translúcida, luego dorada, y finalmente empieza a oscurecer ligeramente sin quemarse. Este proceso puede llevar 30 a 40 minutos. Sí, has leído bien.
📝 Truco de cocina: Si ves que la cebolla se seca demasiado pero aún no está caramelizada, añade un chorrito de agua caliente o caldo y sigue cocinando.
4. El tomate entra en escena
Una vez la cebolla ha entregado lo mejor de sí, añade el tomate. Si lo has rallado, perfecto. Si no, córtalo en dados muy pequeños. Aquí comienza la segunda reducción: hay que evaporar el agua del tomate y concentrar el sabor.
📝 Ojo: No tapes la cazuela. El agua del tomate debe salir, no quedarse atrapada.
Este paso puede durar otros 20 a 30 minutos, removiendo para evitar que se agarre. El resultado final debe ser una pasta espesa, casi confitada, de color oscuro, densa y brillante.
🍳 ¿Y ahora qué?
Este sofrito puedes usarlo para:
Un arroz de montaña con butifarra y setas Un guiso de costilla con patata Unas lentejas con chorizo y panceta O simplemente, un buen pan y una copa de vino

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